En definitiva, el iluso personaje soñaba con un mundo ideal en el que todos los astros girasen entorno a él, ignorando su propia órbita.
Un mundo a su medida
Él quiso ser ávido diseñador de un mundo a su medida. Un mundo de títeres que pretendía manejar a su antojo, de músicos que tocasen a su servicio. Un lugar, donde la generosidad y el altruismo, que él se atribuía, consolasen el llanto de sus propias carencias y necesidades. Pero todo aquello que desencajaba sus esquemas, se convertía en motivo de fustración e injustificada ira hacia lo ajeno. Si algo no colmaba sus exigentes expectativas, era merecedor de su más profundo desprecio.
Faquires
Bancos, cercenan el encuentro. Alféizares, muerden el pellejo. El exilio acuchilla. Somos faquires tras el atrezzo. Quieren borr...
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Presos de la inercia, sin pausa que el tiempo nos fía, de ser luz que se agota cuando el cuerpo se enfría. Ceniza que el viento ...
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¿Por qué tantas certezas sin dilema? ¿Por qué la rendición en la batalla? ¿Por qué esta calma, si la duda estalla? ¿Por qué tant...
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Lentejuelas sobre huesos de diván. Mercado de vísceras dispersas. Soy el socio, sucio de esta sociedad disociada: el ojo ...