Todo fueron guiños y a cada pestañeo, batíanse las alas del alma en cielos de complicidad. Volamos sin más, revoloteando sin rumbo ni necesidades, sintiendo con emoción la aventura compartida del instante.
Hurga el panóptico hasta el tuétano. Somos carroña del buitre que todo lo ve. Envidio el aire que atraviesa los cuerpos hasta ...