Todo fueron guiños y a cada pestañeo, batíanse las alas del alma en cielos de complicidad. Volamos sin más, revoloteando sin rumbo ni necesidades, sintiendo con emoción la aventura compartida del instante.
La culpa se disculpa, expiación en confesión, es su consuelo. Huele a tierra el paraíso. Sobran alas, faltan palas que escarben...