— Erich Fromm
«La hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud.»
— François de La Rochefoucauld
Mientras Jesús sigue en Judea, un fariseo lo invita a comer, seguramente durante el día, no por la noche (Lucas 11:37, 38; compare con Lucas 14:12). Antes de comer, los fariseos se lavan las manos y los brazos hasta el codo, pero Jesús no lo hace (Mateo 15:1, 2). Aunque lavarse así no viola la Ley de Dios, tampoco es obligatorio.
El fariseo se sorprende al ver que Jesús no sigue esa tradición, pero Jesús se da cuenta y le dice: “Mira, ustedes, los fariseos, limpian por fuera la copa y el plato, pero por dentro están llenos de codicia y maldad. ¡Insensatos! El que hizo lo de afuera también hizo lo de adentro, ¿no es cierto?” (Lucas 11:39, 40).
La cuestión no es tener las manos limpias antes de comer, es la hipocresía religiosa. Los fariseos y otras personas que se lavan las manos de esa manera ceremoniosa no están limpiando su corazón de la maldad. Así que Jesús les da el siguiente consejo: “Den como ayuda a los necesitados las cosas que salen de adentro y, fíjense, todo lo que tiene que ver con ustedes estará limpio” (Lucas 11:41). ¡Cuánta razón tiene! Cuando demos regalos, tenemos que hacerlo con un corazón lleno de amor, no para impresionar a los demás ni dar la apariencia de que somos buenos.

