I. MENTE
La búsqueda de la verdad y el cultivo del pensamiento.
1. ¿Siento una curiosidad genuina por aprender, más allá de la utilidad del conocimiento, por el placer de comprender?
2. ¿Me atraen las personas interesantes, cultas, expertas o apasionadas por compartir lo que saben?
3. ¿Rehúyo los juicios superficiales, el chisme y la comodidad de los lugares comunes?
4. ¿Me inspiran las personas virtuosas, no tanto por lo que son como por aquello en lo que aspiran a convertirse?
5. ¿Cultivo el pensamiento crítico y el libre examen, o necesito refugiarme en dogmas y certezas ajenas?
6. ¿Amo la verdad, incluso cuando resulta incómoda, o busco refugio en aquello que me consuela?
7. ¿Selecciono con criterio aquello que consume mi atención y alimenta mi mente?
8. ¿Sé habitar mi soledad y disfrutar del silencio sin huir de ellos mediante el ruido, la distracción o la compañía vacía?
9. ¿Tengo la fortaleza intelectual para sostener la incertidumbre y la duda sin precipitarme hacia falsas certezas?
10. ¿Soy disciplinado en el estudio y perseverante en mi afán de comprender?
II. CUERPO
La salud como responsabilidad y la disciplina como forma de respeto.
1. ¿Asumo la responsabilidad de cuidar mi cuerpo o me abandono a los impulsos y placeres inmediatos?
2. ¿Elijo lo que me conviene o sucumbo a lo que me apetece?
3. ¿Me alimento con consciencia? ¿Conozco las necesidades de mi organismo y procuro mejorar mis hábitos nutricionales?
4. ¿Combato el sedentarismo mediante una actividad física equilibrada que integre fuerza, resistencia, movilidad, elasticidad y agilidad?
5. ¿Comprendo que un cuerpo fuerte y funcional no es una cuestión estética, sino una expresión de salud, autonomía y vitalidad?
6. ¿Acepto las limitaciones naturales de mi cuerpo con dignidad, sin caer en la amargura, la resignación o la autocompasión?
7. ¿Honro el descanso y la recuperación con la misma disciplina que dedico al esfuerzo y al rendimiento?
8. ¿Comprendo que la constancia, la disciplina y el sacrificio son necesarios para preservar la salud, la autonomía y la calidad de vida durante el envejecimiento?
III. ESPÍRITU
La integridad, el amor y la responsabilidad de vivir conforme a los propios principios.
1. ¿Sé priorizarme a mí y a mis seres queridos sin dejar de considerar a los demás ni renunciar a mi identidad?
2. ¿Existe coherencia entre lo que pienso, lo que digo y lo que hago?
3. ¿Soy leal a mí mismo y riguroso en el cumplimiento de mis compromisos?
4. ¿Soy capaz de sentir como propio el dolor y la alegría del prójimo, sin envidia, indiferencia ni condescendencia?
5. ¿Sé recibir una crítica constructiva con humildad, sin que el orgullo me impida aprender?
6. ¿Soy capaz de entregarme sin esperar reconocimiento ni recompensa?
7. ¿Honro la verdad, sabiendo distinguir cuándo la compasión exige prudencia y delicadeza?
8. ¿Comprendo que la atención es una de las formas más profundas de presencia y que el amor se demuestra en los actos, no en las declaraciones ni en las creencias?
9. ¿He organizado mi vida alrededor del dinero, subordinando a él mi tiempo, mis relaciones y mi libertad? ¿Qué precio he pagado por ello?
10. ¿Tengo el valor de defender mi autenticidad frente a la incomprensión ajena y las convenciones sociales?
11. ¿Soy capaz de desprenderme del rencor, aceptar lo irremediable y dejar atrás aquello cuya etapa ha concluido?
12. ¿He comprendido que la impermanencia da valor a lo que vivimos y que aquello que no damos, compartimos o entregamos acaba siendo una oportunidad perdida?
13. ¿Soy disciplinado en mi capacidad de amar, cuidar, acompañar y entregarme a los demás?
IV. LA VIDA
La coherencia entre lo que aspiramos a ser y la vida que elegimos.
¿Si hoy tuviera que contemplar la vida que he vivido, reconocería en ella a la persona que siempre he aspirado a ser?
