No está
en unos dedos de seda.
Ni en la brisa
que acaricia la firmeza.
—Que también—
Sino en el suave gesto
de acurrucar
lo vulnerable.
No está en unos dedos de seda. Ni en la brisa que acaricia la firmeza. —Que también— Sino en el suave gesto de acurrucar lo vuln...