La mirada poética

Tiembla en la hoja
como lágrima en párpado
que pronto el alba seca.

Aparece en el fogonazo
que traspasa
el manto de materia.

Da voz al silencio
y al silencio entre las voces.

La poesía
no es el objeto ni el sujeto:

es la mirada

Xenofobia

Tan vil como frágil.

Cuando tirita,
el miedo es odio:

su blanco es claro,
la oscura palidez de lo distinto.

En la cuneta

Los títeres rompen sus hilos.
La plaza en vilo.
Y cae el disparo.

Su relámpago incendia.

En la cuneta,
junto a las flores sin dueño,

arde aun
la hermosa insolencia
de atreverse a pensar. 

La Frecuencia

La mirada sonríe,
y en ese espejismo,
el desierto se hace fuente.

No cambia la arena;
el jardín eres tú

DELICADEZA

No está
en unos dedos de seda.
Ni en la brisa
que acaricia la firmeza.

—Que también—

Sino en el suave gesto
de acurrucar
lo vulnerable.

El Vertedero de Conciencias

La culpa se disculpa,
expiación en confesión,
es su consuelo.

Huele a tierra el paraíso. 

Sobran alas,
faltan palas
que escarben 
su conciencia.

Aquí hay tanto a tender
como a atender.
¿O a su fe
no le basta
el mundo entero?

La vida
es el resto que dejamos.

Y en la conciencia,
—adiós a Dios—:
su vertedero.

Faquires

Bancos,
cercenan el encuentro.
Alféizares,
muerden el pellejo.

El exilio acuchilla.

Somos faquires
tras el atrezzo.

Quieren borrar los márgenes
sin cerrar la herida.

No hay reposo,
el diseño es hostil.

La mirada poética

Tiembla en la hoja como lágrima en párpado que pronto el alba seca. Aparece en el fogonazo que traspasa el manto de materia. Da ...