El ancla


Navego la indiferencia.
El mundo que toco hiela,
invierno terco y sombrío.

Mi barco zozobra entre océanos de rostros,
bajo la borrasca del desamparo,
donde el viento me lija los sentidos 

Y tu voz me arrulla
frente a los cantos de sirena.

Soy apenas un polizón 
a bordo de este sinsentido.
Me arrojaste al mundo sin permiso,
y no te culpo, mientras tu llama respire.

Porque, desde el principio,
yo solo sigo aquí por ti…

como el ancla que sostiene
el desconcierto.

Perseidas

Me llevó largo tiempo agudizar en lo genérico: Perseidas que todo cielo contiene. Un rostro de pecas infinitas. Las chispas en l...