El ancla


Navego la indiferencia.
El mundo que toco hiela,
invierno terco y sombrío.

Mi barco zozobra entre océanos de rostros,
bajo la borrasca del desamparo,
donde el viento me lija los sentidos 

Y tu voz me arrulla
frente a los cantos de sirena.

Soy apenas un polizón 
a bordo de este sinsentido.
Me arrojaste al mundo sin permiso,
y no te culpo, mientras tu llama respire.

Porque, desde el principio,
yo solo sigo aquí por ti…

como el ancla que sostiene
el desconcierto.

Placeres

Hablaron de placer sin conocer la alegría. Dicen que la mente no sabe excitar como el cuerpo. Pero hay lugares donde pensar se p...