Me sanaron los oídos.
Oraba al atenderlo.
Y aunque era un bien escaso,
que —como un cirio— se consume,
en un desgarro airoso
estaba dispuesto
a ofrecerle mi tiempo,
o, más bien, quizá…
a arrancármelo.
Nacer y crecer en el hedor, hasta adaptarse. Yo no tuve esa supuesta dicha. Siempre anduve buscando la grieta que ventilara el b...
No hay comentarios:
Publicar un comentario