Me sanaron los oídos.
Oraba al atenderlo.
Y aunque era un bien escaso,
que —como en clepsidra— se vacía,
en un desgarro airoso
estaba dispuesto
a ofrecerle mi tiempo,
o, más bien, quizá…
a arrancármelo.
Sístole, diástole. Sístole, diástole. ... La vida es la letanía de un zumbido, hasta que la alarma cesa. Cuánto empeño en la supuesta lógica...