Pesábale la lucidez,
como una losa sobre su consciencia.
Su alma quería volar.
Mas el cuerpo era esa crisálida,
pegándole las alas.
Apiádense los tozudos órganos.
No se vive, esperando a la muerte.
Sístole, diástole. Sístole, diástole. ... La vida es la letanía de un zumbido, hasta que la alarma cesa. Cuánto empeño en la supuesta lógica...