Pesábale la lucidez,
como una losa sobre su consciencia.
Su alma quería volar.
Mas el cuerpo era esa crisálida,
pegándole las alas.
Apiádense los tozudos órganos.
No se vive, esperando a la muerte.
Hurga el panóptico hasta el tuétano. Somos carroña del buitre que todo lo ve. Envidio el aire que atraviesa los cuerpos hasta ...