acaso no sabías que ya eras la naranja entera.
Que el amor no era cobrar las facturas pendientes,
ni tampoco la limosna que mendigan esos socios asustados,
sino, justo, cuánto a sí mismos se deben.
Sabe esperar, aguarda que la marea fluya, —así en la costa un barco— sin que el partir te inquiete. Todo llega pasar. Alza tu copa y bebe...