acaso no sabías que ya eras la naranja entera.
Que el amor no era cobrar las facturas pendientes,
ni tampoco la limosna que mendigan esos socios asustados,
sino, justo, cuánto a sí mismos se deben.
Soy una necrópolis viva, una fosa erguida. Del huerto y la granja devoro la vidas que en mí se integran. El precio de la carne por un fugaz ...