acaso no sabías que ya eras la naranja entera.
Que el amor no era cobrar las facturas pendientes,
ni tampoco la limosna que mendigan esos socios asustados,
sino, justo, cuánto a sí mismos se deben.
Nacer y crecer en el hedor, hasta adaptarse. Yo no tuve esa supuesta dicha. Siempre anduve buscando la grieta que ventilara el b...
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