A mi madre

Soy, de un gran fuego, sólo espurna, vago reflejo
y a ti dicen, me asemejo.
A ti, faro de luz que siempre atento,
me guiaste a cada desaliento.

A ti, que con amor incondicional,
prodigaste tu afecto puro y maternal.
A ti, que por verme dichoso y grato,
sin comer, me pusiste un plato.

A ti estos versos entrego,
rincón de mi sosiego.
A ti, que nada me has pedido
y sin embargo, ¡tanto te debo!

La llaga

Nadie sabe cuánto escuece la herida que la piel no exhibe. Cuánto calla el grito del silencio por compasión.