El mundo que toco hiela,
invierno terco y sombrío.
Mi barco zozobra entre océanos de rostros,
bajo la borrasca del desamparo,
donde el viento apaga mis oídos.
Y tu voz me arrulla
frente a los cantos de sirena.
Soy apenas un polizón
a bordo de este sinsentido.
Me arrojaste al mundo sin permiso,
y no te culpo, mientras tu llama respire.
Porque, desde el principio,
yo solo sigo aquí por ti…
como el ancla que sostiene
el desconcierto.