Me hiere la verdad de los justos,
como un grito ahogado.
Su incomprensión: mi alienación.
Su justicia: el tedio.
Ellos cuidan,
con el mismo cuchillo,
la herida que te abren.
Solo en mi templo
su ley se desvanece.
No entran.
Allí dejan de sangrarme
sus certezas..
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