Qué extraño es herirse en la defensa.
Qué extraño es el escudo que se clava.
Qué extraña es esa honra que se finge,
el consuelo que se aflige.
La luz del ciego, el amor al ego.
Qué extraño es ese extraño que se extraña.
Por él, olvidamos amarnos.
Nadie sabe cuánto escuece la herida que la piel no exhibe. Cuánto calla el grito del silencio por compasión.