Las falsas expectativas

Si aprendí a no esperar ni lo esperado, figurate con lo improbable. ¡Cuántas peras se le piden al olmo!

No podemos reprocharle a la decepción que insista. Cada decepción ocurre sólo una vez. 

El resto es autoengaño.

Faquires

Bancos, cercenan el encuentro. Alféizares, muerden el pellejo. El exilio acuchilla. Somos faquires tras el atrezzo. Quieren borr...