Las falsas expectativas

Si aprendí a no esperar ni lo esperado, figurate con lo improbable. ¡Cuántas peras se le piden al olmo!

No podemos reprocharle a la decepción que insista. Cada decepción ocurre sólo una vez. 

El resto es autoengaño.

La llaga

Nadie sabe cuánto escuece la herida que la piel no exhibe. Cuánto calla el grito del silencio por compasión.