Las falsas expectativas

Si aprendí a no esperar ni lo esperado, figurate con lo improbable. ¡Cuántas peras se le piden al olmo!

No podemos reprocharle a la decepción que insista. Cada decepción ocurre sólo una vez. 

El resto es autoengaño.

Intimidad

​ Hurga el panóptico hasta el tuétano. Somos carroña del buitre que todo lo ve. Envidio el aire que atraviesa los cuerpos hasta ...