La gratitud

Tropecé con corazones como piedras de latidos aplastados.

Desde entonces, en una alegre decencia, brota una carcajada por cada lágrima que me guardo.

Sé que después de todo lo que he visto,
no tengo derecho a quejarme.

Esa felicidad se la debo.

La llaga

Nadie sabe cuánto escuece la herida que la piel no exhibe. Cuánto calla el grito del silencio por compasión.