La gratitud

Tropecé con corazones como piedras de latidos aplastados.

Desde entonces, en una alegre decencia, brota una carcajada por cada lágrima que me guardo.

Sé que después de todo lo que he visto,
no tengo derecho a quejarme.

Esa felicidad se la debo.

Intimidad

​ Hurga el panóptico hasta el tuétano. Somos carroña del buitre que todo lo ve. Envidio el aire que atraviesa los cuerpos hasta ...