La gratitud

Tropecé con corazones como piedras de latidos aplastados.

Desde entonces, en una alegre decencia, brota una carcajada por cada lágrima que me guardo.

Sé que después de todo lo que he visto,
no tengo derecho a quejarme.

Esa felicidad se la debo.

Utopía

La realidad deseada deviene tras el reverso de lo imposible. Solo había que verlo.