Las estaciones

Cuatro eran los disfraces con que el árbol se vestía de gala: desde el blanco manto de nieve al rebrote, desde el espeso follaje a la rama desnuda de ocre.

Ya no requería aguardar a la belleza, pues había aprendido a admirar todas sus formas y a desear cada estación, por algún motivo distinto.

Utopía

La realidad deseada deviene tras el reverso de lo imposible. Solo había que verlo.