Los perros, son juguetes rotos. Los caprichos humanos, efímeros.
Cien siglos de dominación,
para domesticar su instinto.
Y ahora, que apenas aúllan,
los abandonamos sin recursos,
para que no molesten.
Soy una necrópolis viva, una fosa erguida. Del huerto y la granja devoro la vidas que en mí se integran. El precio de la carne por un fugaz ...