La gente inquieta sorteando los charcos.
El cielo desplomando su furia sobre los tejados.
Y en aquel frescor húmedo
sentí que todos mis campos brotaban.
Que nada ahí afuera, pudiera alterar esta paz imperturbable.
Sístole, diástole. Sístole, diástole. ... La vida es la letanía de un zumbido, hasta que la alarma cesa. Cuánto empeño en la supuesta lógica...