La gente inquieta sorteando los charcos.
El cielo desplomando su furia sobre los tejados.
Y en aquel frescor húmedo
sentí que todos mis campos brotaban.
Que nada ahí afuera, pudiera alterar esta paz imperturbable.
Bancos, cercenan el encuentro. Alféizares, muerden el pellejo. El exilio acuchilla. Somos faquires tras el atrezzo. Quieren borr...