La gente inquieta sorteando los charcos.
El cielo desplomando su furia sobre los tejados.
Y en aquel frescor húmedo
sentí que todos mis campos brotaban.
Que nada ahí afuera, pudiera alterar esta paz imperturbable.
Nadie sabe cuánto escuece la herida que la piel no exhibe. Cuánto calla el grito del silencio por compasión.