Lealtad

Descubrí que la lealtad no era un bochornoso espectáculo de etílica consanguinidad, sino la voluntad de acogerse en la peor de las resacas.

Al amanecer tras el jolgorio de la fiesta, flotaba en la lúgubre estancia, como aura del polvo sacudido, esa magia afectiva, entre quiénes exhaustos se quedaron a recoger los platos rotos. 

Así fue como, pedazo a pedazo, compusieron una unión indivisible.

La llaga

Nadie sabe cuánto escuece la herida que la piel no exhibe. Cuánto calla el grito del silencio por compasión.