con lo que hicieron de nosotros.
—Jean-Paul Sartre
El peligro de la inercia:
un pulso prestado
—genética, sistema e instinto—
dictando el desvío.
Somos la marioneta
a merced de los hilos
o la conciencia autónoma
que nos mueve al distinguirlos.
Solo al cuestionar el mecanismo
surge la convicción de hallarnos.