Pirámides, rascacielos
y cajas de pino;
erguidas ante el olvido.
La placa de una avenida sin retorno:
no somos nadie, salvo un todo.
Da igual la seda o el trapo
del disfraz que habitamos:
el peso del nombre,
la importancia que nos dimos.
Me basta el fuego de vivir
hasta que lancen mi ego, ruidoso,
por la cadena del retrete.