Una dulce derrota

A cada triunfo sonreías y lo celebrábamos.

Yo me dejaba ganar, porque no lo necesitaba. 
Tu gloria era mi derrota más dulce.

El juego era banal. 
Perder era ganar,
ganar sin perderme tu entusiasmo.

La llaga

Nadie sabe cuánto escuece la herida que la piel no exhibe. Cuánto calla el grito del silencio por compasión.