Si aprendí a no esperar ni lo esperado, figurate con lo improbable. ¡Cuántas peras se le piden al olmo!
No podemos reprocharle a la decepción que insista. Cada decepción ocurre sólo una vez.
El resto es autoengaño.
Nacer y crecer en el hedor, hasta adaptarse. Yo no tuve esa supuesta dicha. Siempre anduve buscando la grieta que ventilara el b...
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