La vanidad

Si la vida es un cortejo involuntario,
uno debe en ella crecer lo necesario.

Qué importa,
si saca pecho el palomo
o el menos real de los pavos,
despliega sus plumas para deslumbrar.

Qué importa,
Si así la mediocridad no se acepta
Si así su sombra no le alcanza.

Qué importa cuánto abduce
Si a mi la vanidad no me seduce,
Si ese vientre o esas plumas,
Si al fin todo cuanto agranda, se reduce.

La llaga

Nadie sabe cuánto escuece la herida que la piel no exhibe. Cuánto calla el grito del silencio por compasión.